martes, 14 de enero de 2014

Cuando los hijos no llegan: infertilidad

Rocío Sánchez



Este artículo fue publicado en: www.jornada.unam.mx
Puedes leer su versión original en: http://goo.gl/uzOINw


La Organización Mundial de la Salud clasificó a la infertilidad como un problema de salud pública en 2009, reconociendo que las dificultades para concebir merman la calidad de vida de las personas. Para atender el problema, es necesario tener un diagnóstico certero que permita recurrir a los diversos tratamientos disponibles.

"No te vayas a embarazar", es la advertencia constante cuando se sospecha que los jóvenes han iniciado su vida sexual. No se deja lugar a dudas sobre su capacidad de concebir. De esta forma, cuando las personas deciden tener hijos, no esperan experimentar dificultades para conseguir un embarazo.

Se calcula que 20 por ciento de las parejas en todo el mundo tienen problemas para concebir. En 2009 la Organización Mundial de la Salud comenzó a considerar la esterilidad o infertilidad como un problema de salud pública, el cual está aumentando a decir del doctor Carlos Maquita, especialista en reproducción asistida con dos décadas de experiencia en el área.

Según Maquita, los factores que llevan a la infertilidad son diversos. Algunos de ellos, que se pueden calificar como extrínsecos, se relacionan con el estilo de vida de las personas e incluyen hábitos como el uso de tabaco, alcohol y otras drogas, o factores de contaminación ambiental como el plomo de las gasolinas o los pesticidas. La dieta también es un factor importante ya que, sobre todo en el ámbito urbano, la calidad de la alimentación y la obesidad, influyen.

Infecciones que dañan a largo plazo
Algunas de las infecciones de transmisión sexual, aún aquellas que parecen no ser graves, a largo plazo pueden interferir con la capacidad reproductiva. "La clamidia o la gonorrea son bacterias que pueden afectar el aparato reproductor tanto en hombres como mujeres, y les pueden producir infertilidad de modo permanente", dijo el médico a Letra S.

Uno de los mitos alrededor de los métodos anticonceptivos es que su uso prolongado causa infertilidad. Entrevistado en sus oficinas de Red CREA, institución especializada en técnicas de reproducción asistida, Maquita Nakano niega que esto sea cierto, pero observa una relación indirecta entre dichos métodos y los problemas de fertilidad: las y los adolescentes podrían tener varias parejas sexuales antes de encontrar una estable con la que decidan reproducirse, y si utilizan métodos anticonceptivos como los hormonales (píldoras, inyecciones, parches), tenderán a no usar condón, lo que los expondrá a infecciones sexuales como las mencionadas.

"Otro punto importante es que los chicos que inician su vida sexual a edad temprana, difícilmente van a acudir con un médico para atender cualquier infección; lo más seguro es que entre amigos se recomienden algún 'tratamiento' y eso genera que sean infecciones mal tratadas", refiere el especialista.

Carrera contra el tiempo
La edad es uno de los factores más importantes en los problemas de fertilidad, sobre todo para las mujeres. De acuerdo con el también autor del libro Cuando la naturaleza pide ayuda, la mejor edad biológica para que una mujer se reproduzca es entre los 23 y los 30 años. "En menores de esa edad se dan complicaciones más frecuentemente, y por arriba de los 35 o 40 años, también". Los hombres, por su parte, no tienen un parámetro tan establecido porque fabrican espermatozoides durante toda su vida. Las mujeres, en cambio, nacen con una cantidad determinada de óvulos y no fabrican más.

No obstante, las dinámicas sociales actuales han llevado a que las personas pospongan su reproducción, lo cual aumenta la probabilidad de experimentar problemas para concebir. "Las mujeres ahora son más independientes e incluso hay un problema actual importante: muchas no tienen pareja o les cuesta trabajo tener una relación estable. Es decir, hasta el comportamiento en cuanto a la formación y el desarrollo de las parejas ha cambiado." De igual manera, los niveles educativos a los que las mujeres aspiran son mayores a nivel mundial.

El éxito reproductivo es posible

Para ayudar a las parejas infértiles existen diversas técnicas. Las intervenciones son de diferentes tipos, dependiendo del problema biológico que se presente en la pareja. Pueden ir desde despejar obstrucciones en las trompas de Falopio (que impiden que el óvulo y el espermatozoide se encuentren) hasta procesos tan complejos como la inyección intracitoplasmática del espermatozoide, un novedoso proceso de fecundación in vitro conocido como ICSI.

Pero en el trayecto entre esas dos intervenciones se pueden llevar a cabo ciclos de inseminación artificial, potenciada con medicamentos que ayudan a fijar al óvulo fecundado en el útero. Incluso, si fueran las células germinales (óvulo o espermatozoide) las que estuvieran ausentes o tuvieran defectos, se puede recurrir a células obtenidas de donantes.

De acuerdo con el Registro Latinoamericano de Reproducción Asistida, las tasas de éxito en de los procedimientos de reproducción asistida están entre 27 y 40 por ciento.

Lo importante es llegar con el especialista correcto. Muchas personas acuden con ginecólogos no especializados en problemas de reproducción, por lo que pueden pasar años para que se dé un diagnóstico acertado y se inicie el tratamiento pertinente. Mientras, en el camino, deben lidiar con el peso emocional de la infertilidad. "Algunas personas hacían bromas crueles", narra Carlos en su testimonio para el libro del doctor Maquita. "Me decían: eres el Canderel, endulzas, pero no engordas; uno lo toma sin darle importancia. En la familia preguntaban para cuándo el bebé, y uno comienza a decir 'ya mero', pero termina por dejar de visitar familiares, aislarse, y cuando se ven bebés uno se deprime y se pregunta ¿por qué yo no puedo?".

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